Lo que la ley no puede hacer

Escrito por el noviembre 29, 2017

Por más buena que sea, la “ley” (la ley ceremonial, la ley moral, o incluso ambas) no puede hacer por nosotros lo que más necesitamos, que es proveer el medio de salvación, un medio para salvarnos de la condenación y de la muerte que produce el pecado. Para eso, necesitamos a Jesús.

Lee Romanos 8:3 y 4. ¿Qué hizo Cristo que la ley, por su misma naturaleza, no pueda hacer?

Dios proveyó un remedio “enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado”, y “condenó al pecado en la carne”. La encarnación de Cristo fue un paso importante en el plan de salvación. Es adecuado exaltar la cruz, pero en la ejecución del plan de salvación, la vida de Cristo “en semejanza de carne de pecado” también era extremadamente importante.
Como resultado de lo que hizo Dios al enviar a Cristo, ahora es posible que cumplamos con los justos requerimientos de la ley; es decir, hacer el bien que requiere la ley. “Bajo la ley” (Rom. 6:14), esto era imposible; “en Cristo” ahora es posible.

Sin embargo, debemos recordar que hacer lo que la ley requiere no significa guardar bien la ley para obtener la salvación. Esa no es una opción, nunca lo fue. Significa simplemente vivir la vida que Dios nos permite vivir; significa una vida de obediencia en la que hemos “crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gál. 5:24), una vida en la que reflejamos el carácter de Cristo.

“Andar” en Romanos 8:4 es una expresión idiomática que significa “conducirse”. La palabra carnedenota a la persona no regenerada, tanto antes como después de la condenación. Andar según la carne es estar controlado por los deseos egoístas.

En contraste, caminar según el Espíritu es cumplir los requerimientos justos de la ley. Solo con la ayuda del Espíritu Santo podemos cumplir estos requerimientos. Solo en Cristo Jesús hay libertad para hacer lo que la ley requiere. Aparte de Cristo, esa libertad no existe. Al que es esclavo del pecado se le hace imposible hacer el bien que quiere hacer (ver Rom. 7:15, 18).

¿Cuán bien guardas la ley? Dejando de lado cualquier idea de obtener la salvación mediante la ley, ¿se cumple la “justicia de la ley” en tu vida? Si no, ¿por qué no? ¿Qué pretextos utilizas para racionalizar tu comportamiento?


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